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domingo, 3 de abril de 2016

Millennials

Fernando Vidal
Twitter @fervidal31

Lena Maciel, Lucas Liedke & Rony Rodrigues (2012) All work and all play. Brasil: Zeppelin Filmes, Bebop Studio y Box 1824. 10:07 m. http://vimeo.com/44130258 & http://www.youtube.com/watch?v=faYL6b4-vqQ (subtitulado en español).

Este video va sobre nuestro modo de vivir el trabajo. “¿Estás haciendo lo que te apasiona en este momento? ¡Entonces comienza! El reloj de la vida está sonando y tiene prisa. Descubre el propósito en la vida y conviértelo en realidad. Amar tu trabajo te pone en movimiento. Es la única manera de vivir una vida plena. Todos los días.” Este video nos explica cómo es el modo de trabajar de hoy en día, el que caracteriza a los millennials.

Tres modos de afrontar el trabajo y la propia vida: cómo lo hacían los babyboomers (60-70), cómo lo hacen los miembros de la Generación X (80-90) y cómo lo hacen los llamados "Millennials" (XXI). Un poco estereotipador, pero interesante a grandes rasgos!

El título del video, “All work and all play”, forma parte de un proverbio británico: “All work and no play makes Jack a dull boy”. Significa: “Todo trabajo y nada de entretenimiento hace de Jack un chico aburrido”. En este video, ese título significa que la Generación Millennial o los Millennials entienden el trabajo como disfrute.

Los Milennials son 2.300.000.000  en el mundo. El 54% está incorporado a Internet. La mitad de ellos ya posee o planea tener su propio negocio. Tienen una mentalidad digital, fluida y colectiva. En el trabajo y la vida les parece más importante disfrutar del camino que llegar a la meta. El disfrute guía su carrera profesional e identifican mejor las oportunidades capaces de maximizar pasión y trabajo. Tienen una nueva visión: economía creativa, emprendimiento y el poder colaborativo de la multitud. Son rápidos, dinámicos, funcionan a corto plazo, necesitan constante feed-back y son ansiosos. Buscan trabajar en equipos igualitarios y respetuosos, donde el valor lo da el conocimiento y no la edad o el rango.

Buscan movilidad, espacios de trabajo compartidos, teletrabajo desde casa y libertad de horarios. Trabajan en cualquier lugar en cualquier momento. Eso lleva a que cualquier persona con cualquier carácter, talento o estilo de vida pueda participar aportando gran valor. Las cosas tienen mayor valor si las descubren por sí mismos. Su compromiso profesional no es sólo formal o convencional sino que surge de experiencias en las que se implican. El trabajo queda trascendido por metas más altas a las que llegan no sólo por su desempeño profesional sino por otra vías. La flexibilidad es la vía.


A los millennials les fascina involucrarse en proyectos en proceso de desarrollo y que les aporten nuevas capacidades. Les entusiasma que el mundo sea abierto, sentirse autónomos y poder participar con otros. Cambian con rapidez y sin desapego, viven el presente sin aplazar lo importante al futuro. Se adaptan con rapidez y flexibilidad, evolucionando ellos mismos con los cambios del mundo.

sábado, 2 de abril de 2016

Organiza grupos de conversación comunitarios

Fernando Vidal
Twitter @fervidal31

Cómo organizar Grupos de Conversación


En nuestro mundo es necesario crear oportunidades para que haya conversaciones en profundidad. La iniciativa ConversationCafe propone un método sencillo para que se prodiguen. Parte de unos acuerdos mínimos sobre el estilo de tales conversaciones:

  • Apertura de espíritu: escuchar y respetar todos los puntos de vista.
  • Aceptación: acoger incondicionalmente las palabras de los otros.
  • Curiosidad: tratar de comprender en vez de persuadir.
  • Descubrimiento: buscar nuevas ideas.
  • Sinceridad: hablar con el corazón y la experiencia personal.
  • Brevedad: intervenir numerosas veces pero hablar poco tiempo.


En su web presentan así su propuesta: "Conversation Cafe es abierta, organiza conversaciones en los cafés, así como en las conferencias y aulas -en cualquier lugar la gente se reúne para dar sentido a nuestro mundo. En una conversación de café no hay tareas, ni programa, sólo un proceso simple que nos ayuda a cambio de una pequeña charla para hablar de lo mayor, las conversaciones que importan.

"Se recomienda montar un máximo de 8 personas por grupo, escoger un tema fuerte y dedicarle una hora y hora y media. El proceso consiste en tres rondas:

  1. Ronda 1: Exponga el objeto sobre el que hablar. Cada persona habla brevemente sobre el tema, sin comentarios o respuestas de los demás.
  2. Ronda 2: Ahora se interactúa. Cada persona profundiza sus propios comentarios o habla sobre el conjunto. Es una ronda de diálogo en animada conversación.
  3. Ronda Final: Cada persona dice brevemente lo que le ha supuesto un desafío, lo que le ha tocado interiormente o le ha inspirado. Además se formulan entre todos unas preguntas para profundizar.


"Optar por ser el anfitrión de una conversación, proporciona una forma poderosa de marcar la diferencia en nuestro mundo, construir una comunidad y mejorar la inteligencia colectiva. Además, le ofrece una oportunidad estimulante para el aprendizaje y el crecimiento."

Hay un manual de orientación que muestra con sencillez este modelo y da consejos sobre cómo hacerlo. Merece la pena conocer la propuesta´. Cada vez estoy más convencido de que no sólo hay que dar materiales para leer y pensar sino crear y fomentar oportunidades y modos para leer y pensar juntos. Esta es una forma de hacerlo.

A continuación, traducimos y resumimos un artículo de Yes! Magazine sobre la siguiente experiencia, muy interesante...
  
Robin, Vicki (2007) ¿Podemos hablar? Los Cafés de Conversación nos muestran cómo. Yes! Magazine (Diciembre 2007) no.44. http://www.yesmagazine.org/issues/libera-tu-espacio/2179

"No le pregunté a nadie si yo podía iniciar Conversaciones de Café. No había nadie a quien preguntar. Nadie está a cargo de las conversaciones que se desarrollan en cafeterías, paradas de autobuses o en las filas de las tiendas. El potencial para disfrutar de conversaciones ricas, divertidas, significativas y vivificantes en tales lugares era evidente y claro para mí, así que dos amigos de Seattle y yo comenzamos a desarrollar una manera en que diversos desconocidos y vecinos pudieran reunirse en cafeterías para charlar sobre cosas de interés y preocupación comunes—cultura, política, filosofía, etcétera. Cada uno de nosotros se apostó semanalmente en una cafetería en nuestros vecindarios, invitando a otros clientes del lugar, amigos, y al público en general para charlar. Lo creamos—y ellos vinieron. En seis meses había dos docenas de lugares en Seattle. En seis años el método se ha diseminado por todo el mundo.

Las Conversaciones de Café pretenden restaurar algo que está faltando en nuestra cultura; empujarnos suavemente hacia los clásicos valores norteamericanos de generosidad, seguridad, amistad, creatividad, toma de decisiones pragmática—en definitiva, democracia.

Imaginé conversaciones íntimas, reflexivas que incrementaran la capacidad de los participantes para comprometerse en conversaciones respetuosas e inquisitivas en casa, en el trabajo, y en situaciones sociales. ¿Se podría construir una “cultura de la conversación”, o motivarnos a construirla? Para hacer ampliamente disponible esta técnica, nos preguntamos: “¿Cuál es la estructura mínima que permitirá a los desconocidos pasar de la pequeña charla a la gran conversación—es decir, llegar a hablar de las cosas que realmente nos importan”?...

Los anfitriones de Conversaciones de Café son libertadores sociales—y los efectos pueden ir mucho más allá de una pequeña mesa en una cafetería. “Si quieres cambiar el mundo, celebra una fiesta mejor.” Ése es el lema de mi amigo Rick Ingrasci. La libertad social no es una fiesta salvaje. Es una fiesta mejor, una forma de juntarnos con otros que deja a cada uno vigorizado e inspirado, y libre para continuar participando.

Las Conversaciones de Café celebran anualmente una Semana de la Conversación, en donde se convocan círculos de todo el mundo para charlar sobre las cuestiones más importantes de nuestros tiempos." (Robin, 2007)

IRTNOG, de E.B.White

IRTNOG
Un penetrante artículo de E. B. WHITE (1977) sobre la información en un mundo acelerado.

White, E.B. (1977) Essays. New York: Harper Collins.

 [Traducido por @fervidal31]

"A lo largo de los años veinte llegó a parecer que se estaban escribiendo más cosas de lo que la gente tenía tiempo para leer. Es decir, que incluso si alguien gastara todo su tiempo leyendo tantas historias, artículos y noticias como aparecían en libros, revistas y panfletos, no daría abasto. No es culpa del público lector. Por el contrario, los lectores hacen un real esfuerzo por mantenerse al nivel de los escritores y usan cada momento libre durante sus horas de vigilia. Leen mientras se afeitan por la mañana y mientras esperan el tren y mientras montan en el tren. Entre un gran número de lectores llegaron a una especie de acuerdo tácito, consistente en que cuando una persona dejara caer el testigo de la lectura otro debía recogerlo: cuando un cliente entrara en la barbería, el barbero dejaría el Boston Evening Globe y el cliente tomaría el Judge; o cuando un cliente apareciera en el salón para limpiarse los zapatos, el limpiabotas dejaría el Racing Form y el cliente abriría su portafolios y sacaría The Sheik. Así, siempre había alguien leyendo algo. Los maquinistas de los tranvías leían mientras esperaban el semáforo. El chico de los recados leía mientras iba desde la esquina de la 39 con Madison a la esquina de la 25 con Broadway. Los pasajeros del Metro leían constantemente, incluso cuando estaban aplastados, en aquella posición de pie en la que es imposible leer tu propio periódico pero cualquiera puede leer el de otros sobre el hombro de los que tiene al lado. La gente al pasar por los quioscos paraba un momento durante un segundo para leer los titulares. Quienes iban en los asientos traseros de las limusinas, yendo en dirección Norte por la calle Lafayette al final de la tarde, encendían las luces del techo y leían el Wall Street Journal. Las mujeres en sus adosados se suscribieron a las bibliotecas móviles y leían a Vachel Lindsay mientras el niño se estaba echando la siesta.

Había un tremendo volumen de cosas que se tenía que leer. La escritura comenzó a generar todo tipo de productos derivados. Los lectores no sólo tenían que leer las obras originales de un escritor sino también tenían que examinar lo que los críticos decían, y tenían que leer los anuncios que repetían las críticas favorables, y tenían que leer las entrevistas que añadían informaciones sobre el escritor –tales como que él sólo podía escribir si tenía una galleta de jengibre en la boca. Todo se cobraba su tiempo. Los escritores siempre llevaban la delantera y los lectores quedaban atrás.

Entonces llegó el Reader’s Digest. Resumía todo lo que estaba siendo escrito en las principales revistas y puso una nueva esperanza en los corazones de los lectores. Ahí, pensaba todo el mundo, estaba la solución al problema. Los lectores, desalentados por la ventaja que les llevaban los escritores, recobraron valor y se dispusieron a mantenerse al tanto de cada cosa que estuviera siendo escrita en el mundo. Durante un tiempo les pareció que podían conseguirlo. Pero pronto otros resúmenes y síntesis aparecieron, como Time y Las Mejores Historias Cortas de 1927, y los índices y los Resúmenes de Historia del Well y Newsweek, y Fiction Parade. Hacia 1939 había 173 resúmenes o síntesis en Estados Unidos, por lo cual, incluso si alguien no leía nada sino sólo resúmenes de material selecto y leyera continuamente, no se podría mantener al día. Era obvio que tenía que venir a tomar el relevo algo más concentrado que esos resúmenes.

Y vino. Alguien concibió la idea de resumir los resúmenes. Sacó una pequeña publicación titulada Pith, no mayor que tu pulgar. Era un resumen del Reader’s Digest, Time, Pequeños Cuentos Picantes y el sumario diario de noticias del New York Herald Tribune. Cada uno era tan extremadamente condensado que un lector podría absorber en apenas cuarenta y cinco minutos todo lo que estaba siendo publicado en el mundo. Fue un tremendo éxito financiero y por supuesto aparecieron otras publicaciones imitándola: una llamada Cure, otra llamada Nub y una tercera llamada Nutshell. Nutshell fracasó porque, según dijo un experto, el nombre era demasiado largo; pero otra media docena surgió para ocupar su lugar y durante otro breve periodo de tiempo los lectores disfrutaron de un respiro y lograron ponerse al día con los escritores. De hecho, en tal coyuntura, tras la aparición del Nub, una persona dedicada a detectar yacimientos emergentes de negocio, se dio cuenta de que el afán de resumir había ido demasiado lejos y que había sitio en el campo de las revistas para un contrarresumen –una publicación dedicada a volver a la literatura a granel. Invirtió algo de dinero y editó un enorme producto llamado Amplifo, dedicado a ampliar los resúmenes. En su segundo número el nombre cambió por el de Regurgitans. El tercer número ya nunca llegó a las estanterías. Pith y Cure continuaron ganando y fueron tan excepcionalmente lucrativas que cientos de otros resúmenes de resúmenes vieron la luz. De nuevo los lectores sintieron que las cosas iban sobre ruedas. Salió Distillate, un súperresumen que condensó una novela de Hemingway con la sencilla palabra ‘¡Bang!’ y redujo un extenso artículo sobre el problema de los niños desobedientes con la palabra ‘Zúrrale’.

Se podría pensar que con el avance de una condensación tan drástica, la situación se habría resuelto y que ya se habría producido un equilibrio entre escritor y lector. Desafortunadamente, los escritores todavía aguantaron a la cabeza porque sus declaraciones se hicieron tan numerosas como los resúmenes. No fue hasta 1960 que un graduado del Stevens Institute of Technology, Abe Shapiro, entró en acción con una fórmula inmensamente ingeniosa que hizo alcanzar ya un equilibrio permanente entre escritores y lectores. Shapiro fue una especie de Einstein. Él era un lector prodigioso y como se daba cuenta de todas las cosas que nunca jamás podría alcanzar a leer, llegó a la convicción de que tendría que ser posible dar cuenta de su quintaesencia matemáticamente. Estaba seguro de que podría dar cuenta de todo lo que estaba siendo escrito, reducirlo a una palabra de seis letras y publicarlo cada día. Trabajó en una fórmula secreta y comenzó a publicar boletines diarios revelando sus resultados. Todo lo que había sido escrito durante el primer día en que usó su fórmula fue sintetizada con la palabra ‘Irtnog’. El segundo día, todo quedó reducido a ‘Efsitz’. La gente acogió favorablemente esa destilación matemática y aunque parezca extraño, o quizás no fue extraño en absoluto, la gente estaba plenamente satisfecha –lo que podía llevar a creer que lo que los lectores realmente anhelaban no era tanto el contenido de los libros, revistas y periódicos como la seguridad de que no se perdían nada en absoluto de lo publicado. Shapiro se encontró con que un boletín diario era insuficiente, así que hizo un trato con una imprenta y editó un folleto a las cinco de cada tarde para publicar la Palabra del Día. Fue inmediatamente acogido con éxito.


El efecto sobre la población fue saludable. Los lectores, toda vez que se sintieron confiados en que se daba una cobertura del cien por cien de lo publicado, fueron capaces de desprenderse de la costumbre desnaturalizada de tener todo el tiempo la mirada fija en letras. Liberados de las consecuencias cansinas de su desesperada carrera contra los escritores, encontraron que recuperaban la salud junto con una cierta tranquilidad y un modo de vida más reposado. Hubo un marcado descenso de las úlceras de estómago, lo cual, según los médicos, había sido resultado de dejar que el ojo estuviera saltando nerviosamente de un titular a otro después de una comida pesada. Con la disminución de la lectura, la escritura decayó. Los bosques, que habían sido saqueados para alimentar las imprentas, volvieron a crecer; se dejó de hablar de sequías y la gente habitó un mundo verde con un lento confort."


viernes, 1 de abril de 2016

Más tiempo y menos cosas

Fernando Vidal
Twitter: @fervidal31

"¿Cuánta gente en su lecho de muerte se dice: tenía que haber trabajado más o crear más valor para los accionistas? ¿Y cuánta gente se dice: me hubiera gustado ir más al fútbol, leer más libros a mis hijos, haber paseado más? Así pues, necesitamos un modelo de crecimiento basado en dar a la gente no más cosas sino más tiempo para disfrutar la vida." (T. Friedman)

Thomas Friedman publicaba estas palabras en su columna del The New York Times en 2011, a propósito del libro “La gran disrupción: por qué la crisis climática traerá el fin del Shopping y el nacimiento de un nuevo mundo”, escrito por el veterano ecologista australiano Paul Gilgind.

Friedman sostiene que dentro de unos pocos años nos quedaremos alucinados cuando recordemos la primera década del siglo XXI: sus saltos en los precios de los alimentos, los precios de la energía, el auge demográfico mundial, los desastres naturales de tornados, terremotos y tsunamis, los desplazamientos de enormes bolsas de población…

Entonces, nos preguntaremos: ¿En qué estábamos pensando? Lo que haremos, dice Gilding en su libro, será negarlo. La negación es la respuesta natural cuando estás enfrentado a algo tan grave que requiere cambiar todo aquello que piensas y cómo miras el mundo. Hay ciudades en el mundo que viven al 150% por encima de su sostenibilidad. Estamos metidos en una espiral que nos demanda más consumo, más dinero, más trabajo, más industria, más destrucción.

Frente a ello, Gilding dice que tenemos que movilizarnos como si estuviésemos en guerra. A grandes desastres, respuestas profundas. Tenemos que cambiar a una escala y velocidad que apenas podemos imaginarnos hoy en día, transformando en unas pocas décadas nuestra economía, incluyendo la industrias energéticas y de transporte. Tenemos que cambiar de un modelo basado en el crecimiento consumista a otro basado en el crecimiento de la felicidad, basado en gente que trabaje y posea menos.


Friedman termina diciendo: "Podemos permitir que la situación nos colapse o desarrollar un nuevo modelo económico sostenible. Elegiremos lo segundo. Podemos ser lentos, pero no somos estúpidos."

Referencias:

  • Friedman, Thomas (2011) The Earth is Full. The New York Times (June 8, 2011).
  • Gilgind, Paul (2011) The Great Disruption. Why the Climate Crisis Will Bring On the End of Shopping and the Birth of a New World. Sydney: Bloomsbury.